
Introducción:
Esta pequeña historia va dedicada a los hombres de la tercera edad, que guardan en su interior a los jóvenes-niños.
Especialmente a los hombres que se han olvidado de algo importante. Estoy segura que al final en uno de los capítulos el sabrá de quien estoy hablando.
Su sombrero por favor
Capitulo 1. El encuentro
-Su sombrero, tan ajustado a su cabeza, no tenía ni una sola arruga, parecía salido de una película, especialmente de esas películas clásicas, en donde el romanticismo y la caballerosidad eran los menús del día. Su característica principal, que lo distinguían de los hombres de ese pueblo era su voz, su voz era muy suave, penetrante a los ojos, como aquellos ráfagas de viento queriendo entrar en cada diminuta partícula, sí, tanto así que al hablar la piel y los poros de las personas le respondían, la piel y oídos, eran un trasporte al destino final, el final era una respuesta, del que lo escuchaba, muchas veces positiva y llena de tranquilidad, un don quizás. Siempre vestía de chaleco, con sus camisas almidonadas olorosas a limpio y un aspecto casi puro, sus pantalones de lino blanco y sus zapatillas de Raflourent, destacaban sus silueta-la marca Raflourent era una marca muy especial en esos momentos, de moda, como dirían algunos, en esos tiempos.
-Hombre, dueño de muchas tierras siempre tenía a mano su reloj, de oro heredado de su gran abuelo Ignacio, su agenda, con múltiples memorias escritas al final de cada reunión, y por último, su amada, Andrea,-su esposa-, ella siempre se tomaba algunas horas para acompañarle y si el necesitaba estar en reuniones mas oficiales, donde no requería, de una conversación hogareña, o escuchar chismes del pueblo, lo cual a Andrea le fascinaba y lo que hacía solamente con él, nadie más. Si Sergio Alvares, tenia uno de esos compromisos, como con los ministros de estado, le pedía a Andrea, que fuese a comprar flores o visitara a su madre, que vivía cerca del pueblo. Andrea, no se negaba a hacer eso, ya por tan solo la idea, de poder sentir los aromas de la cocina, los canelas, el café y el fogón rojo que olía a todo menos a nada en casa de su madre Doña Josefa.
-Andrea, era una mujer sumisa y regateada, una mujer de esas que ya no existen en la actualidad, sumisa a la dominación masculina, mas fémina y más dulce que los tiempos, las decoraciones más exóticas y los platillos mas antes probados salían de la cocina, cada receta era única, ella misma la preparaba, anotaba todo, cada detalle, como quien crea una formula inimaginable y peligrosamente encantadora, se decía así misma, entre cada cocinada que daba- los negocios del esposo siempre son importantes-, y sí, sí quería verle feliz, tenía que ser astuta y complacerle en todo. Nunca había invitado que no se quedara con ganas de otro encuentro, si tan solo para probar los postres al final de los encuentros de trabajo, ya era un sueño mas para alguno, volver a comer en esa mesa, y para las esposas de los invitados un desnivel femenino que se volvía una lucha personal al querer cocinar como Andrea. ¡Solo había un problema, no tenían hijos! Los hijos para Andrea no estaban en su lista, para Sergio Álvarez ¡sí!
-En el coche camino a la reunión, los pastos verdes y llenos de frutales de jícaro le recordaron a los años en el seminario, días que sin lugar a duda fueron dorados y llenos de una magia única, magia que , antes de ser empresario-agricultor, le llevaron a senderos especiales, Sergio Álvarez iba a ser sacerdote, pero todo fue culpa de María, no paro de buscarle y perseguirle hasta que el mismo obispo los encontró en plena sacristía haciendo algo que muchos envidian, hacer el amor, que ideas las de esos entonces. María, la misma y personificada tentación de la vida misma, nadie había visto semejante misterio, no había nadie que fuese capaz de descifrar sus acciones y nadie era capaz de verla a los ojos, a excepción, Ísi!, de Sergio Álvarez.
-La risa le vino, una risa de oreja a oreja, risa que, solo el viento, los arboles de jícaro y el espejo retrovisor de su coche podían ver.
-¿Por qué recordar eso?-
-ÍPensó!-
-Recordar eso, le dio un toque a la tarde, así como cuando recordar es volver a vivirlo, era en ese momento otra vez, el joven de apenas 25 años.
- ¡Qué loco, pensó en su interior!: La verdad es que después de ese escándalo, encontrarlo allí, en plena acción frente al lugar sagrado, el siguió, encontrándose con María, siguió viéndola y viéndola, hasta que ya no podía dormir, pensando en ella, pensando en sus labios, en sus ojos, en sus besos, en su aliento, en fin, era todo un repertorio de platos imaginarios en la cabecita de Sergio Álvarez, tanto así que recordó, que todo el pueblo rogaba que María se fuese, si tan solo para no verlo sufrir de amor mas, llorando por las calles y suplicándole a la nana de María, llevarle las cartas, cartas que el con tanto apego las escribía, porque después de ese escándalo su padre la encerró por casi 5 meses en casa, luego la saco de la ciudad y nunca más, nunca más nadie en el pueblo, ni cercanías supieron de ella, Sergio Álvarez nunca más la volvió a ver.
-De repente sonó la bocina de un coche-. Sergio se despertó, de ese sueño, la naturaleza le recordó algo, íntimamente relacionado con él, la realidad, su instinto natural, era real, siguió manejando el coche, hasta que las sombras de los arboles le llevaron al encuentro con sus socios.
-Allí lo esperaba la joven heredera de los Molteng, no sabía nada de agricultura; pero si era una profesional en Sociología y psicología neurológica. Heredera de muchas hectáreas de tierra y se necesitaba la presencia de un experto en ellas, para saber el uso que debían darles.
La joven noto a Don Sergio, ''el don primero y la dama después'', era típico que todos les llamaran así, su gran y espectacular manera de caminar era más de un Don que de un hombre particular. El sombrero era algo así como su personalidad, siempre en su lugar, Ana Paula, así se llamaba la heredera de los Molteng, ella noto que don Sergio estaba cansado y noto la soledad presente en el, durante toda la reunión, al final se termino la reunión y sus socios no dejaban de pedirle organizar una fiesta, Ana Paula se despido de Sergio y los demás invitados, les pidió venir con su familia para una cena especial,-celebrar la llegada de su primo Oscar-, que recién había ganado un premio nobel de literatura. Ana Pula, no podía haber tenido mejor idea y ser tan asertiva como mujer de ciudad, esa cena no solo les traería una nueva receta de Andrea, quizás algo nuevo vendría, una nueva visita, una nueva visita…
Continuara…
Capitulo 2.
Los atardeceres
Capitulo 2.
Los atardeceres
El cielo rebosaba de alegría, las nubes se dispersaban, como siendo sopladas por una mano abracadora y reconfortante, una a una y lentamente, las nubes se movían con el viento, el viento del sur, las hojas de los arboles se mezclaban del viento y los tonos verdes, jugaban con los rayos del sol, mariposas de color amarillo tierno se desplazaban por el aire.
-Allí estaba, Sergio Álvarez contemplando esa película, de ese maravilloso atardecer. De repente el silencio se escucho, los pájaros cantaban y el momento comenzó, Sergio hacia mucho que no rezaba, de esa manera, una manera de rezar, compartiendo con la naturaleza, se sentó por unos segundos en las piedras y cerrando los ojos empezó a rezar. İSí! Sergio empezó a recordar los placeres de los atardeceres, su conexión con los otros seminaristas, acaso la vida de Sergio no era buena.¿ Qué sentido tenía todo eso, que razones, que motivos?, y el qué y el por qué venían a cuestionarle, cuando el rezaba, el se cuestionaba también. ¿Por que las cuestiones, solo son el resultado de una búsqueda y ni eso estamos seguros de saber, saber si la búsqueda es el destino final?
-No, no lo sabía, el no sabia con exactitud, lo único que sabía era que, tarde o temprano llegaría a entenderlo.
-El teléfono sonó!, mirando la mensajería de su teléfono, Sergio recordó la cena en casa de Ana Paula.
-Tomo la chaqueta color crema y se puso su sombrero, en casa lo esperaba Andrea..Continuara
