''La música interior''
-Sudando frio la encontré-, vestía de blanco, sus pies se fundían en el
suelo, junto al viento.- Cada poro y cada bello que la cubría sentían subir
desde sus pies lentamente hasta su cuello el aliento a vida, ese aliento a vida
con el abrazo de los rayos del sol, un sol caliente, puro suave una caricia
para el alma.
-Intente preguntarle cómo se sentía, tenía un nuevo cuerpo, o al menos eso
parecía, tenía los ojos más brillantes, sus labios mas carnosos, parecía otra,
la pequeña Lucia.
-Lucia era una niña extraña. La niña extraña, ese era su segundo nombre, a Lucia le encantaba caminar en la hierba, revolcarse en los montes, correr e
imaginarse hablar con los arboles, lo cual siempre terminaba haciendo al poco
de unos minutos, a Lucia le encantaba sentarse por horas a contemplar el cielo,
ver las nubes pasar, cambiar de color, mirar venir la lluvia y quedarse algunas
veces dormida en algún tronco de un árbol, generalmente ella elegía a los arboles
grandes, con hojas grandes, que pudiesen cubrirla del sol, por alguna razón ese
tipo de árbol le daba más seguridad. Lucia acostumbraba también a dormirse en
ellos, en sus troncos hasta ser despertada por la voz de su madre en la
distancia.
-Cerca de los riachuelos donde solía escuchar el agua correr y en el
silencio quedarse dormida. Llego un día de sorpresa el viento. Silenciosamente
sintió venir al viento. Lucia no sabía bien, con certitud que era ó quien era;
pero escuchaba atenta, en ese momento escucho la ola suave de vibraciones, una
ola suave de vibraciones, una experiencia nueva, jamás sentida por Lucia, como
abrir los ojos al salir del vientre de una madre, cómo beber de un vaso y no
saberlo tomar, coger con los dedos. Ella no sabía que eso podía ser posible
escuchar al viento hablar.
-No lo podía creer, su asombro hacia que le temblaran las piernas, tragando
suave y lento la saliva sin moverse para escuchar mejor, ella pregunto. -Quien
eres, no te veo?
-Los segundos se diluían y a medida que eso pasaba ella sentía el calor en
sus orejas súbitamente incrementarse, era más suave pero más constante, la
presión era como un abrazo, un abrazo intenso. En ese momento él le dijo:-Soy
el viento, Lucia, mi vos solo es escuchada cuando hay completo silencio, tú ves
las nueves pasar, escuchas a los ríos, ves las hojas moverse.- Yo el viento les
hablo todo el tiempo y les llevo seguros a su destino, por eso soy el viento, el
que todo lo siente y todo lo tiene en un solo aliento.
Los segundos se tomaban más sabor y la curiosidad de la pequeña crecía más.
Con los ojos abiertos observando el césped le preguntó. Y porque me hablas a mí,
te he molestado en algún momento, no hago ruido al venir aquí.
-Él le respondió- lo sé, -la medida de la conversación
incrementaba como cuando las gaviotas empiezan a volar en el horizonte- el con
tacto suave le hablo mas diciendo- por eso te hablo, para que escuches la
música del silencio junto a mí. Ella abriendo sus ojos mas suspiro!-Me das
miedo, pues eso suena como a morirse, desaparecer..
-Jajajjaj, rio el viento-,diciendo en tono suave- no nada que ver, al
contrario, al morir no eres capaz de escuchar esa música, tus oídos ya no
escuchan en esta dimensión, la música que te digo es una música real.
No te entiendo-respondió confundida-, pues yo cuando escucho música escucho ruido, gritos, llanto en algunas ocasiones, y en algunas risas.
No te entiendo-respondió confundida-, pues yo cuando escucho música escucho ruido, gritos, llanto en algunas ocasiones, y en algunas risas.
-Mira te voy a explicar- sin si quiera mover esa hoja en este árbol, la vez, le dijo. Te imaginas esta hoja, cuando estaba tierna, saliendo de su árbol, tenía
que escuchar algo o estar curiosa para ver que hay mas allá de su árbol, pues eso,
escuchaba en el silencio, pequeños golpecitos, quizás, gente respirar, reír, o pájaros
postrándose en su árbol. ''El sentir''.
Era al sentir quizás, que ella sabía que al salir escucharía la música del sol,
de los pequeños insectos subiendo a su árbol y algunos de ellos terminarían
creando vida en ella.
-Me confundes, no tengo la experiencia, que se supone tener, a los 10 años-.
-Bueno dijo el viento tomando un suspiro lento, quizás la experiencia, para
algunos llega más temprano ó como otros más tarde; pero llega, de eso no te
apresures.
-Dime Lucia, a que sueles jugar, cuando vienes aquí.
-Juego de todo, contesto la pequeña, en momentos, se quedaba atontada, de
pensar estoy hablándole al viento, pero si, era ella y el viento y el silencio
juntos en un solo momento.
-¿Quieres escuchar la música de tu espíritu?
-Sí, respondió con la mirada más confiada.
-Pues bien pequeña, escuchemos la música, primero tienes que mirar esa
hoja, ¡la vez!,- sí, respondió. De qué color es? lila-naranja, atontada dijo Lucia, ahora mira la luz
que traspasa a la misma hoja, que color tienen, dijo el viento con mas suavidad en su sonido, Lucia
pensativa y con la mirada enfocada respondió: mira un poco verde en su
interior, sí, respondió el viento diciendo: Y si la muevo que te dice. Te dice,calma,
quietud, cansancio, quiere dormir, que te dice Lucia.
-Me dice paz, contesto Lucia, es porque ves la música que la toca en este
momento, disfrutas los movimientos que da la hoja, así es el espíritu necesita
sentir, disfrutar el ser.
-Cuando le soplo, le mando vibraciones de muchos otros lugares y ella lo
escucha, sabe que si la soplo fuerte y la muevo toda, es probable que lloverá,
escucha la música de las otras hojas moverse, lo sensitivo de un roce, la hace
presente en su momento presente. Por eso la música del espíritu debe ser escuchada
en el silencio de tu ser.
-La pequeña L,ucia sentía por primera vez, a su música. Lentamente el viento
toco una música más suave donde la pequeña Lucia, ya no era capaz de escuchar,
comenzó a llover, las últimas frases fueron: -Cuando quieras escuchar tu música en el silencio, vive el momento con
intensidad, con todo lo que has hecho siempre, vivir y observar detenidamente
todo, con la belleza de tu ser, luego tu música cantara sin cesar por siempre.
A todos los niños y niñas.




















