domingo, 5 de junio de 2011

Carne y Hueso..


¡Olitas de mar!

¡Los pasos!-sí-. Eran sus zapatos, los causantes del sonido en el suelo, zapatos lustrados, lustrados como espejos, ¡su cinturón ajustado al azul de su silueta! que mas da-Dijo él- en un pensamiento aislado.


Acaso lo notaria-¡pensé!, entre en la habitación-no- no puedo ¡me dije!, me temblaban las piernas, los huesos y algo más que eso. Se sorprendió de verme allí. Su mirada-me dijo-, el miedo y lo valiente que poseía en el corazón más rojo de los atardeceres, atardeceres que no tienen un fin, son como escuchar gemir a la selva de tanta paz.


Vestía de falda, a como siempre acostumbraba, una camiseta floja y cómoda. Me acerque, le pregunte si necesitaba algo.- sí- ¡me dijo! en un tono un poco temeroso, necesito que te sientes, me pones nervioso y me he acostumbrado a trabajar solo en mi oficina.


El silencio me sonó mas fuerte que sus labios- entonces me levante- después de unos minutos, de verle trabajar y ver como sus manos se movían ante la maquina, decidí salir, al levantarme, el cuerpo y el calor de mi falda sufrieron uno de esos desvíos súbitos, ¡inesperados!, fue entonces, cuando sus manos se apoderaron de mis manos, mis manos estaban en la manilla de la puerta, podía sentir a la puerta hablar- no te vayas- ¡me dijo!- pensé- ¡no es la realidad! Beso mi cuello, lentamente, como guardando algo en el tacto de sus labios, soplaba mi cuello como queriendo apagar el fuego ardiente del sol- luego, tomo mis cabellos, los olio….


Fin

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